Los impertinentes

 Los impertinentes fueron un tipo de lentes que tuvieron bastante éxito en su tiempo entre la sociedad aristócrata. Su diseño era el de unos lentes plegables con un mango; este se sujetaba con una mano a la altura de la cara para poder acomodar las lentes frente a los ojos.

 

Fueron inventados en 1770 por el óptico George Adams, que sabía las necesidades de sus pacientes, por lo que pensó que los impertinentes resultarían bastante prácticos. Algunas personas los llevaban colgados al cuello con cadenas de oro y estaban hechos de materiales muy costosos, por lo que denotaban opulencia y buen gusto, convirtiéndolos en un accesorio casi obligatorio entre la sociedad francesa y alemana.

 

Esto se volvió una oportunidad de negocio, pues dependiendo la clase social a la que perteneciera el interesado, se podían mandar a hacer en joyerías para que el mango tuviese incrustaciones de oro y piedras preciosas.

 

Cabe mencionar que su uso prevalecía entre la población femenina, precisamente porque el accesorio mismo denotaba delicadeza; a pesar de ello, el producto fue todo un éxito. Cuando el impertinente era diseñado para un varón, los mangos solían ser de materiales más toscos, aunque no necesariamente más baratos, tales como bronce o carey, en diseños más masculinos y gruesos.

 

La invención de los impertinentes dio pie a los gemelos de teatro, que surgieron en 1800 gracias a Johann Friedrich Voigtlander -óptico austriaco- y J.T. Hudson -científico inglés-. Estos binoculares solían usarse en las representaciones teatrales para poder disfrutar de la obra. Su encanto radicaba en lo trabajado del diseño, su comodidad para usarlas y en que cumplían su cometido: la obra se podía ver mejor desde cualquier ángulo del anfiteatro, al contar con una rueda central que equilibraba el enfoque de la visión en conjunto para ambos ojos.

 

Regresando a los impertinentes, los había sencillos, más trabajados, con monturas delgadas, para leer y también para ver de lejos, con materiales económicos y otros muy suntuosos, había algunos que incluso contaban con un pequeño reloj. Uno de los fabricantes más reconocidos fue Cartier, ya que incluso fabricó impertinentes para la corte misma de los Romanov en Rusia. Aún se conserva uno, el cual está fabricado en oro, platino, diamantes y esmalte, y data de 1906.

 

Cada tipo de lente guarda una historia que merece ser contada. ¿Te gustó la de los impertinentes?